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 Sexo, drogas y violencia en los videojuegos

Desde junio de 2003, la Unión Europea adoptó un nuevo código para 16 países de autorregulación de los videojuegos. Su nombre es PEGI (Pan European Game Information) y se creó para que los consumidores, padres y educadores conozcan que se esconde detrás de cada videojuego.

En EEUU un sistema muy parecido a este lleva en funcionamiento desde 1994. En resumidas cuentas, ambos sistemas son utilizados para saber a que grupo de edad van dirigidos los videojuegos y qué se puede encontrar en ellos.

Parece, a primera vista, que esta información es lo suficientemente tranquilizadora para quienes quieren saber si el contenido de un juego es apto o no para ciertas personas. Pero si nos fijamos en un estudio publicado en "The Journal of the American Medical Association" y realizado por investigadores de la Facultad de Salud Pública de Harvard, en Boston (Estados Unidos) esta opinión puede cambiar.

Después de analizar 81 videojuegos aptos para niños de 13 o más años y escogidos aleatoriamente se observó que en el 98% de ellos aparecían contenidos violentos, sangre en el 42%, temas sexuales en el 27%, palabrotas en el 27%, bromas insultantes en el 7% y drogas en el 15%. También se observó que en el 90% de estas historias el jugador necesitaba herir para continuar el juego y en el 69% de las ocasiones el objetivo era matar.

Con ello, se concluía que el código de regulación mencionado al principio los clasificó correctamente en la mayoría de los casos teniendo en cuente los contenidos violentos. Pero, en relación a los otros temas estaba equivocado en un alto porcentaje de los casos. Por si fuera poco, en un 48% de los juegos no aparecía ningún tipo de icono o etiqueta sobre su contenido.

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