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San Fermín: la fiesta pamplonica

Los San Fermines sin duda alguna son una de las fiestas más conocidas no sólo dentro de nuestro país sino a nivel mundial. Es considerada por algunos como una de las mejores del mundo junto a la Feria de la cerveza de Munich y al carnaval de Río de Janeiro.

Su origen, como el de la mayoría de las festividades, tiene su origen en antiguos ritos paganos de vascos y latinos. Durante la Edad Media, en la época estival, se aprovechaba para realizar ferias de ganadería donde se producía una parte importante del comercio. San Fermín coincidía en la mitad de esos días.

En el año 1381 el rey de Navarra Carlos II proclamaba feria franca a estas ferias comerciales. Durante estos días de libre comercio había celebraciones religiosas y espectáculos callejeros de bufones y juglares. Año tras año la fiesta iba creciendo.

En el año 1591 la ciudad honraba a San Fermín el 10 de octubre, pero debido a la suspensión por lluvias del año anterior se trasladó al 7 de julio. De esta forma coincidía con las ferias comerciales veraniegas. Aun así al final del verano se siguen celebrando los san fermines txikis”, unas fiestas mucho más pequeñas e intimistas.

En el año 1867 se editó el primer programa oficial de las fiestas ya que éstas cada vez iban tomando mayor relevancia.

Hasta nuestros días ha seguido aumentando la popularidad de esta fiesta que comienza el 6 de julio con el tradicional chupinazo y termina 8 días después, el 14 de julio, cuando de madrugada los jóvenes entonan el “Pobre de mí” y ya comienzan a pensar en el próximo año.

El escritor Ernest Hemingway conoció las fiestas gracias a una compañera que le habló de ellas y el 6 de julio de 1923 se presentó en Pamplona por primera vez. La fiesta le atrapó y fueron muchos los años que la frecuentó. De su presencia en estas fiestas resultaron grandes amistades con muchos toreros de la época y su obra llamada “Fiesta”. Para algunos no retrata realmente como son los San Fermines y para otros es la obra que mejor lo hace. Pero la realidad es que gracias a ella la fiesta tomó el impulso que la faltaba para convertirse en universal. Primero fueron los franceses, estadounidenses, alemanes, nórdicos e ingleses, llegaron también las caravanas de australianos y neozelandeses y en la actualidad llegan personas de cualquier rincón del planeta. El ayuntamiento reconoció la figura del escritor y éste tiene una escultura en la entrada de la plaza de toros.

En estos años la fiesta ha perdido bastante de su sentido religioso aunque se sigue realizando la procesión y se ha creado una nueva costumbre llamada “riau-riau”, que en los últimos años se ha prohibido debido a los altercados que producía. Consiste en que los jóvenes se desplazan en sentido contrario al santo en señal de protesta.

Los encierros sin duda alguna son lo más representativo de la fiesta. Se realizan a lo largo de los 8 días a partir de las 8 de la mañana. Los toros recorren 800 metros hasta la plaza de toros y la cantidad de corredores cada vez es mayor. Esto genera desagradables incidentes cuando los que corren no son corredores habituales. Una peculiaridad de Pamplona es que el único momento del año en el que hay corridas de toros en la ciudad es durante estas fiestas. La plaza es peculiar también, y no tiene nada que ver una corrida de toros en Pamplona con una corrida de toros en otro lugar. En la zona de sombra se sitúan los aficionados reales y en la zona de sol las peñas y los jóvenes que montan su fiesta particular. No se llevan muy bien entre ellos, y se dice que la gente de sol va a todo menos a ver los toros.

 

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