Posteriormente cayó en una decadencia debido al descubrimiento de América y la centralización del poder en Sevilla, que se intentó contrarrestar con la creación de los sitios Reales y de la Academia de Artillería, pero la ciudad hispalense ganó el interés social y Segovia no volvió a cobrar protagonismo en España, lo que ha permitido que llegue a nuestros días una ciudad románica y medieval inviolada.
Al llegar debemos tomar como punto de referencia el Acueducto, que construyeron los romanos para trasladar el agua desde el río Acebeda, sus 166 arcos están construidos con piedras de granito y sus uniones se constituyen por un sistema de pesos, sin ningún tipo de argamasa. Según cuenta la leyenda el Acueducto de Segovia fue levantado por el Diablo para ganar el alma de una moza segoviana, debía construirlo en menos de 24 horas y por una piedra no lo logró. El Acueducto alcanza su máxima altura en la Plaza de Azoguejo.
Subiendo hacia la Plaza Mayor por la Calle Real encontramos la famosa Dama de las Catedrales, la Catedral de Segovia, construida en 1925 con la ayuda desinteresada de los segovianos es de estilo Gótico y preside la ciudad desde su punto más alto, vino a sustituir a la Vieja Catedral, situada en los jardines del Alcázar y destruida durante la Guerra de las Comunidades. El Alcázar se sitúa sobre el río Tajo, en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, la fortaleza llegó a estar habitada por celtas, y fue durante su etapa real cuando logró su estilo gótico.
Pasear por Segovia es descubrir sus numerosos museos, entre los que destacan el Museo de Segovia y la Casa Museo de Antonio Machado. Es necesario vivir la ciudad que se encierra tras sus murallas medievales de más de 3000 metros, con sus bellas iglesias, sus increíbles monasterios y sus fantásticos palacios. Comer en Segovia es algo más que un placer, su gastronomía está marcada por sus deliciosos cultivos, cuya legumbre más famosa son los judiones de La Granja, y por sus magníficas carnes, entre las que destacan el tierno lechazo y el sabroso cochinillo, sus postres están marcados por la tradición y el buen hacer de las monjas segovianas.
Viajar a Segovia es regresar al medievo, durmiendo en sus encantadoras casas rurales, paseando por sus cuidados parajes, saboreando su apetitosa gastronomía y disfrutando de su belleza gótica y romana.
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