El pulmón lucense es, sin duda, el río Miño. A pesar de que la ciudad está rodeada por otros tres ríos, este es el que inunda de frio el invierno y refresca el verano. Allí tenemos los molinos de agua y las termas romanas dentro del balneario situado a sus orillas. Actualmente, su agua continúa con las cualidades curativas de la antigüedad y sale a más de cuarenta grados centígrados.
El corazón de Lugo se encuentra en la Catedral de Santa María con fachada de Lemaur y Sánchez Bort y que aloja una basílica románica de 1129 influenciada claramente por la de santiago de Compostela.
Nos tropezamos con numerosos edificios. Entre ellos debemos destacar el antiguo monasterio y actual museo Provincial. A lo largo de nuestro paseo por Lugo, observamos la alternancia de románico y barroco que empapa la ciudad.
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