Dentro del mundillo existe su propia jerga: toy(novatos), el bombardeo(firmar por el mayor número delugares posibles), writing (graffiti)… Y también sus propias reglas no escritas. Los graffiteros se conocen entre ellos, o al menos conocen “la firma”, saben que prestigio y que lugar ocupan en el status cada uno de ellos y nunca alguien con menos prestigio “pisará” (pintará encima) a otro de mayor, incluso no se “pisa” a otro para evitar enfrentamientos.
Así como Taki 183 es la referencia en sus orígenes, en España hay que remontarse a los tiempos de “la movida” para encontrar a José Carlos Argüello, el Muelle. Su firma inundó las calles de la capital y de multitud de ciudades de la geografía española. El Muelle se convirtió en un icono, incluso llegó a registrar su firma, y sus peculiaridades así como su temprana muerte en ocasiones hacen que su historia se convierta en leyenda.
La figura del Muelle y la llegada de la cultura hip-hop a España hacen que el movimiento crezca rápidamente y en la actualidad iconos como la plasta de Suso33 inundan multitud de ciudades, llegando este artista incluso a dar conferencias y charlas en universidades.
El graffiti en definitiva es un mundo complejo y con multitud de detalles más allá de la mera pintada que vemos en las paredes, trenes o muros. Es considerado por algunos el arte de finales del s.XX, un arte por otro lado tremendamente efímero, la atracción por lo prohibido, el conseguir pintar el lugar más inaccesible o insospechado, un símbolo de libertad en la gran urbe.
Mientras es perseguido y multado por las autoridades, algunos ayuntamientos habilitan muros para el desarrollo del graffiti y multitud de festivales y otros eventos organizan concursos de graffiti cada vez en mayor medida.
Arte o vandalismo? ¿artistas o delincuentes? Paro los propios artistas son las dos cosas. Consideran que el graffiti sin su dosis de riesgo o “ilegalidad” no sería lo mismo, no daría ese sentimiento de libertad.
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