Seguramente, el cuerpo humano fue el primer soporte para la pintura: a aquellos primitivos, antepasados nuestros, se les ocurrió muy pronto que su piel quedaba mucho más atractiva, o mucho más terrorífica, si la cubrían con símbolos y pigmentos.
Con el tiempo, la práctica de decorarse la propia anatomía quedó restringida al muy limitado campo de la cosmética facial, pero hay una disciplina que intenta recuperar la magia transformadora de aquellas primeras experiencias: se llama body painting. Con medios mucho más sofisticados que los de nuestros ancestros, como puede ser la henna, pinturas naturales o acrílicas, etc.
Pero esta disciplina aún no es algo muy común y quedan personas que la pueden llegar a ver con ojos retrógrados, debido a la desnudez de los cuerpos que van a ser decorados. |