1. Horsely Horseless

Año 1899. No por muchas calles, pero sí por algunas. Este híbrido entre carruaje y coche se mueve entre el gentío. Tiene la cabeza de un caballo en la parte delantera y cuenta con motor. El diseño, algo estrafalario, deja mucho desear.
2. Crosley Hotshot

Finales de la década de los 50. Algunos lo definen como lento y peligroso. Otros como un trozo de chatarra. Pero no fueron estos los motivos que acabaron con la producción de este coche. Nada de eso. De esto se encargaron las soldaduras de los cilindros que saltaban cuando alcanzaban altas temperaturas. Algo que es normal en el motor de un coche.
3. Amphicar

1960. Estados Unidos vive una década dorada. Una etapa de revolución en todos los sentidos. En este contexto aparece el Amphicar. Un modelo que, según los entendidos del motor de aquella época, revolucionaría la conducción. En realidad era un claro descendiente del Schwimmwagen, un coche ideado por los nazis. La principal característica de ambos era que podían navegar. No funcionó.
4. Bricklin SV1

Su creador lo definió como un ejemplo en seguridad para los coches del futuro. Algo de razón tenía aunque su proyecto acabara fracasando. Datos: Plástico resistente a las abolladuras y parachoques de resina. Otro elemento llamativo eran las puertas que se abrían hacia arriba y no de forma lateral como es costumbre.
5. Ford Explorer

Tuvo su éxito. Una buena acogida, la verdad. Pero acabó en fiasco. Y es que la gente prefirió adquirir todoterrenos de grandes dimensiones. Monstruos gigantes tipo Hummer. Su problema con los neumáticos Firestone tampoco ayudó a este vehículo.
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