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Parece, a primera vista, que esta información
es lo suficientemente tranquilizadora para quienes quieren
saber si el contenido de un juego es apto o no para
ciertas personas. Pero si nos fijamos en un estudio
publicado en "The
Journal of the American Medical Association"
y realizado por investigadores de la Facultad de
Salud Pública de Harvard, en Boston (Estados
Unidos) esta opinión puede cambiar.
Después de analizar 81 videojuegos aptos para
niños de 13 o más años y escogidos
aleatoriamente se observó que en el 98% de
ellos aparecían contenidos violentos, sangre
en el 42%, temas sexuales en el 27%,
palabrotas en el 27%, bromas insultantes en
el 7% y drogas en el 15%. También
se observó que en el 90% de estas historias
el jugador necesitaba herir para continuar el juego
y en el 69% de las ocasiones el objetivo era matar.
Con ello, se concluía que el código de
regulación mencionado al principio los clasificó
correctamente en la mayoría de los casos teniendo
en cuente los contenidos violentos. Pero, en relación
a los otros temas estaba equivocado en un alto porcentaje
de los casos. Por si fuera poco, en un 48% de los juegos
no aparecía ningún tipo de icono o etiqueta
sobre su contenido.
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