Apartarse del camino de la compaña, no mirarles y hacer como que no se les ve. Es uno de los consejos para que este tenebroso desfile no te atrape para siempre con sus garras. Otra opción es hacer un círculo con la estrella de Salomón o una cruz dentro y entrar en él. Comer algo, rezar, evitar oír el murmullo que dejan al pasar, tirarse bocabajo y esperar a que pasen. Son sólo algunos de los consejos que esgrimen los que se han encontrado con este colectivo de otro mundo.
Esta procesión fantasmal forma dos hileras. El aspecto varía según la zona geográfica. Coinciden las versiones en que los miembros van envueltos en túnicas y descalzos. Todos llevan consigo una vela. Al frente de la comitiva va un espectro mayor, Estadea.
Lo más curioso es que precediendo la procesión va un mortal. En la mayoría de los casos, esa persona no recuerda durante el día lo que ocurrió por la noche.
A estas personas, dicen los que han investigado sobre este fenómeno, se les reconoce por su extrema palidez. Y es que sufren el castigo cada noche, enferman rápidamente sin saber el porqué. La situación se mantiene hasta que la procesión de muertos capta a otro incauto.

No al alcance de cualquiera
La leyenda cuenta que no todo el mundo tiene la facultad de ver a la Santa Compaña. Sólo aquellos niños que en el momento de su bautizo son ungidos con el óleo de los difuntos.
En lo que refiere a los lugares de aparición, puede aparecer en cualquier lugar. Pero sobre todo predominan en las encrucijadas. Además, hay fechas en las que se comenta se intensifican los paseos de estos espectros. La noche de Todos los Santos (entre el 31 o la noche de San Juan son dos momentos clave.
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